Cuando mi hermano estaba en coma, prometí a la vida que si se salvaba arrojaría al mar mi planchita del pelo. A decir verdad, prometí que nunca más la usaría y como me parecía una imagen muy poética agregué lo del mar para perfeccionar la promesa. Mi hermano se murió. Hoy, cinco años después, decidí hacerme el alisado definitivo del pelo. "¿Definitivo?", le dije al peluquero sin mayor convicción. "Bueno, es una manera de decir, por un tiempo largo". Bueno, las maneras, peluquero, las maneras. Definitiva era mi promesa, definitiva es la muerte. Con las ondas de mi pelo, hacé lo que te parezca mejor, y que me quede lindo si puede ser.
No hay foto, ni remate, ni moraleja. La vida siempre tiene razón, como dice el poeta. La planchita, mi inseparable, sigue en el cajón. Tengo unas ganas impostergables de ver el mar.
¿Esto matará a aquello?
jueves, 31 de mayo de 2012
jueves, 19 de abril de 2012
¿Qué es lo que uno sabe?
a Victoria
Las charlas en el auto con mi hija, cuando vamos solas, son un momento de conexión especial. A veces salen cosas sorprendentes, espontáneas, curiosas. A pesar de que cada una está en la suya: yo voy concentrada manejando y ella va concentrada mirando el mundo. Entonces, en una esquina, en un paso a nivel, en una pausa le surgen esos pensamientos que a veces parecen venir de antes, que seguramente le quedaron dando vueltas y, entre canción y canción, entre rojos y verdes, se le prende alguna lucecita y dispara sus preguntas, sus reflexiones, sus cuestionamientos, sus temas.
Claro que a veces también se pone fastidiosa o insistente, pero a medida que va creciendo cada vez menos. Claro que a veces me reclama, a veces me pide con exceso, pero siempre me da.
Claro que a veces también se pone fastidiosa o insistente, pero a medida que va creciendo cada vez menos. Claro que a veces me reclama, a veces me pide con exceso, pero siempre me da.
Hace un tiempo me dijo, abriendo ella la conversación, después de un largo silencio: "Mamá, un día me vas a tener que hacer una lista de las cosas que sabés".
No pude despegarme de la idea en todo el día. Me pareció genial su simplicidad para pedir lo imposible y a la vez lo vital. Me quedé pensando, como muchas veces a partir de algo que ella dice, de una manera nueva. Hice bocetos, miles de listas, tachaduras, anexos… también me pareció importante dejar lugar para las muchas notas al pie que se irán agregando...
Mi hija me enseña muchas cosas. Me gusta hablar con ella, escucharla, contarle quién soy, qué puedo y qué no, qué sé y qué no sé, y sobre todo descubrir, cada vez más, quién es ella, y poder ayudarla, de a poco, día a día, pausa a pausa, luz a luz, a tocar el mundo.
Conversar con mi hija me ayuda de paso a saber un poco más quién soy. Y por qué no a registrar, aunque sea como un juego, la lista de las cosas que sé.
Aquí va entonces, hija, un borrador de lo que me pediste aquel día:
Sé andar en bicicleta sin manos.
Sé lo que es mentir, sé lo que es decir la verdad y sé muy bien la diferencia.
Sé por qué llueve.
Sé que comer dulce de batata me da energía inmediata.
Sé que hay sonrisas que curan.
Sé que caminar descalza me calma.
Sé lo que es mentir, sé lo que es decir la verdad y sé muy bien la diferencia.
Sé por qué llueve.
Sé que comer dulce de batata me da energía inmediata.
Sé que hay sonrisas que curan.
Sé que caminar descalza me calma.
Sé que me hacen bien los abrazos a la hora de la siesta.
Sé lo que es no volver a ver nunca -pero nunca- más a alguien muy cercano.
Sé bailar un rato.
Sé cantar y silbar siempre.
Sé enhebrar una aguja enseguida, hasta las más chiquitas, para remendar algo roto.
Sé que remendar ayuda pero a veces es inevitable cambiar de ropa.
Sé que sirve cambiar de almohada.
Sé que si no alcanzo a ver de lejos, tengo que acercarme.
Sé que el cuerpo sabe.
Sé que algunas cosas se rompen o se pierden para siempre.
Sé que la vida es cambio, es risa, es reparo, es poesía, aventura y juego.
Sé jugar.
Sé reír y hacer reír.
Sé algunos cuentos de dragones y de sapos.
Sé mirarte a los ojos y decirte que no sé.
Sé que hay veces que está bueno no saber.
Sé que los amigos escuchan, que los amigos cuidan, que los amigos salvan.
Sé que el mundo es tuyo.
Sé que el mundo es mío.
Sé que vamos a seguir aprendiendo.
Sé que esta lista es vital e interminable, y que la vida siempre sigue…
miércoles, 11 de abril de 2012
sábado, 7 de abril de 2012
martes, 3 de abril de 2012
¡Yo tampoco sé!
UN HOMBRE QUE PASA CON UN PAN AL HOMBRO
Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?
Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?
Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?
Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Breton?
Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?
Un albañil cae desde un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?
Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?
Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?
Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?
Alguien va a un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a al Academia?
Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?
Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no yo sin dar un grito?
[César Vallejo, Poemas póstumos I / 5 nov, 1937]
sábado, 11 de febrero de 2012
Mapa de estrellas
El ojo del perro,
dibujar en el aire lo que queremos
y ella llorando
Llorar es también a veces
dibujar en el aire lo que queremos.
miércoles, 25 de enero de 2012
Escenas
Interior. Noche. Octavo piso de un edificio antiguo:
Ella escribe que no sabe.
Interior. Atardecer. Entrepiso de una casa de fachada amarilla:
Ella sabe que sabe más de lo que sabe que sabe.
Exterior. Un día cualquiera. Bici
Ella sabe.
Foto: Nadia Salem.
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