martes, 12 de marzo de 2013
Dígalo cantando
La jardinera
Violeta Parra
Para olvidarme de ti,
voy a cultivar la tierra,
En ella espero encontrar,
remedio para mi pena.
Aquí plantaré el rosal,
de las espinas más gruesas,
Tendré lista la corona,
para cuando en mí te mueras.
Para mi tristeza violeta azul,
Clavelina roja pa' mi pasión,
Y para saber si me corresponde,
Deshojo un blanco manzanillón.
Si me quiere mucho, poquito o nada,
Tranquilo queda mi corazón.
Creciendo irán poco a poco,
los alegres pensamientos,
Cuando ya estén florecidos,
irán lejos tu recuerdos.
De la flor de la amapola,
seré su mejor amiga,
La pondré bajo la almohada,
para dormirme tranquila.
Para mi tristeza...
Cogollo de toronjil,
cuando me aumenten las penas,
Las flores de mi jardín,
han de ser mis enfermeras.
Y si acaso yo me ausento,
antes que tu arrepientas,
heredarás estas flores,
ven a curarte con ellas.
Para mí tristeza...
Violeta Parra
Para olvidarme de ti,
voy a cultivar la tierra,
En ella espero encontrar,
remedio para mi pena.
Aquí plantaré el rosal,
de las espinas más gruesas,
Tendré lista la corona,
para cuando en mí te mueras.
Para mi tristeza violeta azul,
Clavelina roja pa' mi pasión,
Y para saber si me corresponde,
Deshojo un blanco manzanillón.
Si me quiere mucho, poquito o nada,
Tranquilo queda mi corazón.
Creciendo irán poco a poco,
los alegres pensamientos,
Cuando ya estén florecidos,
irán lejos tu recuerdos.
De la flor de la amapola,
seré su mejor amiga,
La pondré bajo la almohada,
para dormirme tranquila.
Para mi tristeza...
Cogollo de toronjil,
cuando me aumenten las penas,
Las flores de mi jardín,
han de ser mis enfermeras.
Y si acaso yo me ausento,
antes que tu arrepientas,
heredarás estas flores,
ven a curarte con ellas.
Para mí tristeza...
miércoles, 9 de enero de 2013
La espalda del ángel que llora
Sus pies no se apoyan por completo en el suelo
no puede más de mirar para abajo
cambia de forma pero no de espanto
sabe del riesgo pero no desangra
llora con alas en la espalda
que es lo mismo que llorar hacia todos lados.
Escultura de Mercedes Chirico
lunes, 24 de diciembre de 2012
sábado, 22 de diciembre de 2012
domingo, 9 de diciembre de 2012
Cosquillas en los pies
Y otra vez voy a
hablar de un libro. Porque a veces al hablar de una lectura se puede hablar de
otras cosas. Porque leer es vivir. Y vivir, a veces, es hermoso.
Leí esta mañana la
nueva novela de Antonio Santa Ana. Se llama Ella
cantaba (en tono menor) y fue publicada recientemente por Editorial Norma. Podría
contar que estaba esperando con muchas ganas el momento de leerla, pero eso no
importa. Podría contar que la leí mientras desayunaba luego de una noche de
bailar hasta la madrugada con amigos, pero no sé si eso cambia algo.
Podría decir que la novela está escrita con la música del alma pero no tengo tan claro lo
que eso significa o es muy excesivo. Podría decir abreviadamente que es una historia de amor, pero
¿qué historia no lo es? Podría decir entonces que es una historia de amistad y búsquedas, de
verdades a la cara, de comienzos y desencuentros pero no estaría diciendo nada.
Entonces no voy a
decir nada. Léanla y me dicen qué les dice.
Pero sí quiero
registrar aquí una lista breve e inevitable de lo que sentí mientras leía:
·
Cosquillas
en los pies
·
Ganas de
cantar
·
Ganas de
ser chica
·
Ganas de
ser grande
·
Ternura en
alto vuelo
·
Ganas de
escribir
·
Ganas de
viajar
·
Certeza
inmensa de estar viva
·
Pureza
·
Alegría
sutil y profunda
·
Ganas de
que otros la lean y sientan
·
Ganas de
hacer esta lista
·
Ganas
Y una cosa más que les puede servir de pista: las
cosquillas aparecieron hacia la mitad de la novela y se intensificaron bastante
en los últimos capítulos, pero no desaparecieron sino hasta la última línea,
cuando me levanté del sillón, caminé unos pasos, y pude soltar unas lágrimas muy acertadas.
Podría decir que hay una canción.
Podría decir que vi el mar.
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