miércoles, 23 de diciembre de 2009

RESUMEN FIN DE AÑO




Sin pensar mucho, sentada en un café, un momento de esos memorables me devolvió esta letra que vale como balance de un año desbalanceado. Salute!




Ya tuve que ir obligado a misa, ya toque en el piano "Para Elisa" ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa. Ya cambié de lugar mi cama, ya hice comedia ya hice drama fui concreto y me fui por las ramas, ya me hice el bueno y tuve mala fama. Ya fui ético, y fui errático, ya fui escéptico y fui fanático ya fui abúlico, fui metódico, ya fui impúdico y fui caótico. Ya leí Arthur Conan Doyle, ya me pasé de nafta a gas oil. Ya leí a Bretón y a Moliere, ya dormí en colchon y en somier. Ya me cambié el pelo de color, ya estuve en contra y estuve a favor lo que me daba placer ahora me da dolor, ya estuve al otro lado del mostrador. Y oigo una voz que dice sin razón "Vos siempre cambiando, ya no cambiás más" y yo estoy cada vez más igual Ya no se que hacer conmigo. Ya me ahogué en un vaso de agua , ya planté café en NIcaragua ya me fui a probar suerte a USA, ya jugué a la ruleta rusa. Ya creí en los marcianos, ya fui ovo lacto vegetariano. Sano, fui quieto y fui gitano, ya estuve tranqui y estuve hasta las manos. Hice el curso de mitoligía pero de mi los dioses se reían. orfebrería lo salvé raspando y ritmología aqui la estoy aplicando. Ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé, ya firmé, ya viajé, ya pegé. Ya sufrí, ya eludí, ya huí, ya asumí, ya me fuí, ya volví, ya fingí, ya mentí. Y entre tantas falsedades muchas de mis mentiras ya son verdades hice fácil adversidades, y me compliqué en las nimiedades. Y oigo una voz que dice con razón "Vos siempre cambiando, ya no cambiás más" y yo estoy cada vez más igual Ya no se que hacer conmigo. Ya me hice un lifting me puse un piercing, fui a ver al Dream Team y no hubo feeling me tatué al Che en una nalga, arriba de mami para que no se salga. Ya me reí y me importó un bledo de cosas y gente que ahora me dan miedo. Ayuné por causas al pedo, ya me empaché con pollo al spiedo. Ya fui psicólogo, fui al teólogo, fui al astrólogo, fui al enólogo ya fui alcoholico y fui lambeta, ya fui anonimo y ya hice dieta. Ya lancé piedras y escupitajos, al lugar donde ahora trabajo y mi legajo cuenta a destajo, que me porté bien y que armé relajo. Y oigo una voz que dice sin razón "Vos siempre cambiando, ya no cambiás más" y yo estoy cada vez más igual Ya no se que hacer conmigo. Y oigo una voz que dice con razón "Vos siempre cambiando, ya no cambiás más" y yo estoy cada vez más igual Ya no se que hacer conmigo.

viernes, 18 de diciembre de 2009

DE ESCALERAS, ESPEJOS y SUEÑOS CUMPLIDOS

"... y si aun allí no encuentras lo que
buscas, no te preocupes, siempre hay más escaleras. Siempre habrá escalones mientras te empeñes en subir..."


FRANZ KAFKA
¡GRACIAS LEO!

martes, 3 de noviembre de 2009

Cumpleaños feliz

A algunos les toca a los dos o a los tres.
Afortunados,
a ellos seguro les dura toda la infancia....
A los quince decían que tenía que ser,
yo esperaba.
Dieciocho veces me lo propuse,
A los diecinueve estuve muy cerca... y no.
Dos décadas encima y nada.
Veinte, veintiuno...
Veinticinco noviembres
me llevó esta felicidad.






lunes, 2 de noviembre de 2009

Esfuerzo de amor





¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción;
y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Pedro Calderón de la Barca


Duele el amor cuando no alcanza. Cansa el amor cuando mucho demanda. Pero al llenar cada instante con más y más, siempre es más pequeño el esfuerzo que la dicha que nos causa.




martes, 28 de julio de 2009

Explicación en colores


Desde siempre, los días tienen colores. A ver, quiero decir, desde que me aprendí los días de la semana los identifico inevitablemente con un color. Tengo la extraña convicción de que cada uno de ellos está caprichosamente representado por un tono. Relación ésta tan extraña como incuestionable y que además a mi entender nadie debería poner en duda.
Así, mis lunes son de color gris azulado; los martes se me aparecen algo amarillentos o anaranjados; los miércoles y jueves se suceden en la gama de los marrones, aunque los jueves, irremediablemente, siempre algo más oscuros. Los viernes gozan de la plenitud y simpleza del blanco, los sábados siempre fueron de color rosado, tirando a fucsia y los domingos de un azul intenso y brillante. Siempre fue así. Aunque casi nadie lo comprenda. Y si digo casi nadie es porque existe alguien en el mundo que posee la misma excéntrica visión, claro que con algunos matices diferentes y en otros tonos. Y otros agregados irracionales tanto más insólitos, como por ejemplo, ligar lugares o viajes por ruta con un lavarropas o con el pelo de una tía abuela muerta. En resumen, las asociaciones son variadas y cada cual asocia como se le antoja.

La cuestión aquí sería tratar de identificar este asunto de los colores y los días con algún significado más o menos coherente o al menos interesante, tarea a la que no había decidido dedicarme en todos estos años que llevo sabiéndolo, sino hasta hace algunos minutos antes de comenzar a escribir este comentario.
Claro que la única explicación posible debería ser inventada y hasta el momento no se me ha ocurrido ninguna, por lo pronto todas me resultan insuficientes y absolutamente innecesarias.

Papeles preciados










Son tiempos de ocio, reposo y tranquilidad mental (bueno, toda la que se puede). Son días sin tiempo, sin horarios, comer cuando tenés hambre, dormir cuando tenés sueño (bueno, cuando tu hijita de dos años te deja), tiempo de jugar, soñar y aprender a estar a gusto con la propia vida.
Y por qué no son días de revisar los papeles viejos y encontrar en ellos emociones perdidas, apuntes nunca leídos, cuentos nunca terminados,algunos poemas de antes, proyectos inconclusos...
Hoy abrí una puertita (porque no fue un cajón, fue una puertita) donde conviven carpetas de trabajo, facturas de mi ex psicoanalista (la saqué bastante barata) y más de una revista que tal vez ni siquiera sean interesantes, pero están ahí, esperando ver la luz o ser senteciadas al tacho de basura de una vez por todas.
En medio de esos papeles inútiles rescaté uno, valiosísimo: una hoja Rivadavia de carpeta Nº3 (con los agujeros rotos y sin ojalillos, por supuesto) escrita en lápiz negro con una mezcla de letras minúsculas y mayúsculas, y al verla inmediatamente supe de qué se trataba.
Comparto aquí con los lectores su contenido, en especial con el autor del cuento, mi hermano menor, a quien le dedico esta joya para que la publique en su blog o simplemente la guarde para darla a conocer cuando sea un escritor consagrado:


EL GATO VOLADOR


"En el último minuto del partido, agarra la pelota Garfield, pasa a todo el equipo, manda el centro, cabecea Félix y pega en el palo y se escucha el silbatazo final. El partido termina empatado y se definía en dos penales de cada equipo. El primero lo patea Michi y en una estupenda atajada Don Gato ahoga el grito de los no famosos. Es el turno de Tom, patea con todas sus fuerzas y le pega en la cara a Timmy que no puede seguir jugando debido a su hemorragia. El tercer penal le corresponde al Gato Volador que con su derechazo pone el uno a cero para los no famosos. El último penal lo patea Garfield y como Timmy no se recompone el arquero será el Gato Volador.
Garfield toma carrera, llega con sus últimas energías y patea a una punta cuando la multitud aclamaba el gol, el Gato Volador usó su don mágico para sacar esa pelota y darle la victoria a los no famosos. El silencio se apoderó de la tribuna. Los ganadores se fueron festejando y al día siguiente los contrataron para hacer una serie de superhéroes que se llamaría: “El Gato Volador y su pandilla”.

viernes, 23 de mayo de 2008

Editora, a tus zapatos



Tres meses. A la distancia podrá decirse que me tomé una segunda licencia por maternidad. O podrá decirse, en rigor de la verdad, que mandé todo al mismísimo carajo y renuncié a un laburo que no me daba ya ninguna clase de satisfacción personal ni profesional. Y entonces vino lo mejor. Con la excusa de ser mamá full time llegaron los paseos en bici, las clases de Yoga matutinas y hasta la gorra para la pileta. Las visitas a la abuela Marta fueron más relajadas y más seguidas, pude disfrutar más intensamente de mi rol de tía, amiga, vecina y ama de casa. Y por qué no decirlo, hasta supe esperar a mi marido con la comida lista y la nena bañadita un par de veces para terminar el día de la mejor manera.
No sé en qué momento exacto se rompió la magia, recuerdo un aviso publicado, un "enter", y un deseo inmenso de que ese puesto sea mio. Pocas semanas después me encontré recorriendo las guarderías del barrio desencajada en busca de una vacante, preguntando a dios y maría santísima para encontrar un alma piadosa que cuide a mi hijita y replanteándome millones de veces mi futuro como madre y como profesional.
Finalmente decidí volver a trabajar (ay, lo digo y se me viene la imagen de las ruedas de la bici pinchadas por el desuso). ¿Decidí levantarme a las siete de la matina, dejar a mi hijita “guardada” en una guardería y todo el día con otra gente? ¿Yo? ¿Yo, la libre demandada? ¿Yo, la abanderada de la vida barrial? Sí, señores. Lo decidí, como decido todo, sin decidirlo, solo dejando que las cosas pasen y que los sueños se cumplan. Siempre quise que mis hijos respondan en el colegio:
- Y tu mamá, ¿qué hace?
- Mi mamá hace libros.
Aquí me tienen, a punto de asumir el cargo de Coordinadora de producción de una importante editorial. (Eso, mi querida Victoria, es lo mismo que decir “mi mamá hace libros”).