lunes, 16 de agosto de 2010

ASI SI



REGLAMENTO GENERAL LOBUNO PARA LA VIDA:


1. Comer

2. Descansar

3. Vagabundear en los períodos intermedios

4. Ser fiel

5. Amar a los hijos

6. Meditar a la luz de la luna

7. Aguzar el oído

8. Cuidar de los huesos

9. Hacer el amor

10. Aullar a menudo

Del libro "Mujeres que corren con los lobos" de Clarissa Pinkola Estés.

La imagen es del blog de María http://hablandodesdelcorazn-maria.blogspot.com

jueves, 12 de agosto de 2010

ESCUELA DE VIDA



Yo fui en un Colegio y a un Instituto, pero no sé si fui a la escuela.
El Colegio era de monjas y de maestras que fomentaban la competencia.
El Instituto era Social Militar, por suerte lo mejor fue lo social (a lo otro no le di ni bola), y compartí allí afectos y experiencias encantadoras. Pero aun así, no sé si fui a la escuela.
Para mí a la escuela se va caminando o en bici, se lleva la vianda que sobró de la cena y un alfajor Guaymayén para el recreo. La mejor escuela es donde podemos enamorarnos de nuestro mejor amigo e invitarlo a casa a tomar la leche.

La escuela es donde aprendemos a escucharnos y a escuchar qué música nos gusta, qué imágenes nos atrapan, qué cuento nos queremos contar, qué nos deslumbra de la vida.
La mejor escuela es en la que queremos parecernos a nuestros maestros y en la que nos damos cuenta que también podemos enseñarle a ellos. Y nos dejan.

En estos días estuve visitando Colegios, Institutos, (¡Hasta fui a un School!)
Pero no hay caso, sigo pensando (de todas las maneras posibles) cuál será la mejor escuela para que vayan mis hijos.
Y a propósito del tema escuela, dejo aquí una recomedación de un hermoso libro que encontré alguna vez en la biblioteca de la casa mi abuela y que releí en estos días.

"Leerá usted aquí lo que se oye, se escribe, se ve, o en una palabra se vive en la escuela. A este recopilador se le dio por el humor y este es el resultado (...)
¿Y el que reunió este material quién es? Un maestro que ama muchas cosas: la escuela, los niños, el pueblo en el que nació y vivió, un buen mate, sus amigos"
Del prólogo, por José María Firpo.

LO QUE SE PUEDE Y LO QUE NO

Cada cosa tiene su tiempo y cada tiempo tiene sus cosas.

miércoles, 4 de agosto de 2010

COTIDIANIDADES


Esto me sucedió hoy:

Estaba por llegar a la cola para pagar en el súper de la esquina cuando un señor mayor apuró el paso para ganarme y llegar primero. Hasta ahí nada me había molestado, solo pensé “qué estado atlético, el viejo” y lo dejé pasar. Pero cuando se dio vuelta para hablarme comenzó mi malestar. Al principio solo me dijo algo así como “disculpame es que tengo la bici afuera y necesito solo esto” (mostrándome un paquete de yerba). “No hay problema, hombre, pase usted” –dije amablemente, después de todo yo no tenía ningún apuro y su edad debería haberme dado no sé, ternura o respeto. Pero no, todo empeoró cuando quiso seguir el diálogo. “Viste que mal que estamos, yo no sé, yo soy acá de la Capital y cada vez estamos peor, manga de delincuentes, qué desastre”.
Uy uy uy –me dije, no puedo seguirte en ésta. Aunque quisiera no sabría cómo. Solo lo miré con calma y creo que hasta le sonreí, a ver si mejoraba la cosa. Pero no. “Vos porque sos jóven y seguro que en el colegio no te enseñan esto, pero escuchá lo que te digo: Cada vez estamos peor”. Entonces me crispé un poquito, -no porque me viera en edad escolar eso se lo podría atribuir a su edad- sino porque yo le había dado la posibilidad al menos de cambiar la onda, pero él seguía despotricando: “sabés por qué en mi época estábamos mejor, porque éramos como europeos, el cura que me casó era polaco y todos en el barrio eran rumanos, polacos, todos, ahora el gaucho ¿para qué vino? El argentino no sirve para nada. Así estamos.”
Uf. ¡Qué agobio! Seguí callada pero ya sin ganas de sonreírle ni un poco y mucho menos de ser respetuosa, si él no estaba aportando nada al asunto. Así que ya ni lo miré, saludé a la cajera, pagué y volví a casa a darle la leche a mi hijo.

En el camino de vuelta ensayé una respuesta:
“Vaya señor, súbase a la bici, pedalee y vea si puede ganarle unos minutos de felicidad a la vida que mucho no le queda. Y si no puede decir nada amable o bonito, la próxima vez al menos no se adelante en la cola, así no debo soportar su mufa”.

Que tengan buen día.

jueves, 24 de junio de 2010

No nos pide nada el cuerpo...

En tiempos de archivos epub y tantos nativos digitales sueltos, cabe preguntarse (y si no cabe le hacemos lugar aquí) por aquellos textos, conversaciones o lecturas que nos unieron a los libros para siempre.
Comparto aquí este artículo de Roberto Arlt recopilado en sus Aguafuertes porteñas, que mucho supo decirme al respecto. Tendría yo trece o catorce años y a partir de entonces nunca dejé de leer. Cada vez que vuelvo a este texto me pasan a la vez dos cosas: primero, el consabido "pero sí esto lo había pensado yo, ya",  e inmediatamente me dan ganas de ir a buscar un libro.


LA INUTILIDAD DE LOS LIBROS 

Me escribe un lector:
"Me interesaría muchísimo que Ud. escribiera algunas notas sobre los libros que deberían leer los jóvenes, para que aprendan y se formen un concepto claro, amplio, de la existencia (no exceptuando, claro está, la experiencia propia de la vida)".



NO LE PIDE NADA EL CUERPO...
No le pide nada a usted el cuerpo, querido lector. Pero ¿en dónde vive? ¿Cree usted acaso, por un minuto, que los libros le enseñarán a formarse "un concepto claro y amplio de la existencia"? Está equivocado, amigo; equi­vocado hasta decir basta. Lo que hacen los libros es desgraciarlo al hombre, créalo. No conozco un solo hombre feliz que lea. Y tengo amigos de todas las edades. Todos los individuos de existencia más o menos complicada que he conocido habían leído. Leído, desgraciadamente, mucho.
Si hubiera un libro que enseñara, fíjese bien, si hubiera un libro que enseñara a formarse un concepto claro y amplio de la existencia, ese libro estaría en todas las manos, en todas las escuelas, en todas las universida­des; no habría hogar que, en estante de honor, no tuviera ese libro que usted pide. ¿Se da cuenta?
No se ha dado usted cuenta todavía de que si la gente lee, es porque espera encontrar la verdad en los libros. Y lo más que puede encontrarse en un libro es la verdad del autor, no la verdad de todos los hombres. Y esa verdad es relativa... esa verdad es tan chiquita... que es necesario leer muchos libros para aprender a despreciarlos.


LOS LIBROS Y LA VERDAD
Calcule usted que en Alemania se publican anualmente más o menos 10.000 libros, que abarcan todos los géneros de la especulación literaria; en París ocurre lo mismo; en Londres, ídem; en Nueva York, igual.
Piense esto:
Si cada libro contuviera una verdad, una sola verdad nueva en la su­perficie de la tierra, el grado de civilización moral que habrían alcanzado los hombres sería incalculable. ¿No es así? Ahora bien, piense usted que los hombres de esas naciones cultas, Alemania, Inglaterra, Francia, están actualmente discutiendo la reducción de armamentos (no confundir con supresión). Ahora bien, sea un momento sensato usted. ¿Para qué sirve esa cultura de diez mil libros por nación, volcada anualmente sobre la cabeza de los habitantes de esas tierras? ¿Para qué sirve esa cultura, si en el año 1930, después de una guerra catastrófica como la de 1914, se discute un problema que debía causar espanto?
¿Para qué han servido los libros, puede decirme usted? Yo, con toda sinceridad, le declaro que ignoro para qué sirven los libros. Que ignoro para qué sirve la obra de un señor Ricardo Rojas, de un señor Leopoldo Lugones, de un señor Capdevilla, para circunscribirme a este país.

EL ESCRITOR COMO OPERARIO 
Si usted conociera los entretelones de la literatura, se daría cuenta de que el escritor es un señor que tiene el oficio de escribir, como otro de fabricar casas. Nada más. Lo que lo diferencia del fabricante de casas, es que los libros no son tan útiles como las casas, y después... después que el fabricante de casas no es tan vanidoso como el escritor.
En nuestros tiempos, el escritor se cree el centro del mundo. Macanea a gusto. Engaña a la opinión pública, consciente o inconscientemente. No re­visa sus opiniones. Cree que lo que escribió es verdad por el hecho de haber­lo escrito él. El es el centro del mundo. La gente que hasta experimenta difi­cultades para escribirle a la familia, cree que la mentalidad del escritor es su­perior a la de sus semejantes y está equivocada respecto a los libros y respec­to a los autores. Todos nosotros, los que escribimos y firmamos, lo hacemos para ganarnos el puchero. Nada más. Y para ganarnos el puchero no vacila­mos a veces en afirmar que lo blanco es negro y viceversa. Y, además, hasta a veces nos permitimos el cinismo de reírnos y de creernos genios...


DESORIENTADORES
La mayoría de los que escribimos, lo que hacemos es desorientar a la opinión pública. La gente busca la verdad y nosotros les damos verda­des equivocadas. Lo blanco por lo negro. Es doloroso confesarlo, pero es así. Hay que escribir. En Europa los autores tienen su público; a ese público le dan un libro por un año. ¿Usted puede creer, de buena fe, que en un año se escribe un libro que contenga verdades? No, señor. No es posible. Para escribir un libro por año hay que macanear. Dorar la píldo­ra. Llenar páginas de frases.
Es el oficio, "el métier". La gente recibe la mercadería y cree que es materia prima, cuando apenas se trata de una falsificación burda de otras falsificaciones, que también se inspiraron en falsificaciones.


CONCEPTO CLARO
Si usted quiere formarse "un concepto claro" de la existencia, viva.
Piense. Obre. Sea sincero. No se engañe a sí mismo. Analice. Estúdiese. El día que se conozca a usted mismo perfectamente, acuérdese de lo que le digo: en ningún libro va a encontrar nada que lo sorprenda. Todo será viejo para usted. Usted leerá por curiosidad libros y libros y siempre lle­gará a esa fatal palabra terminal: "Pero sí esto lo había pensado yo, ya". Y ningún libro podrá enseñarle nada.
Salvo los que se han escrito sobre esta última guerra. Esos documen­tos trágicos vale la pena conocerlos. El resto es papel...

martes, 4 de mayo de 2010

Lista de cosas para hacer cuando renunciás al trabajo:


*Ordenar placares y reacomodar espacios en la casa una y otra vez
* Pintar la cocina de naranja
* Cantar bajito o cantar alto según la hora
* Regar las plantas
* Barrer la vereda y saludar a doña Mariángeles cuando vuelve de las compras
* Visitar a la abuela
* Encontrarte a tomar un café en el barrio con tu ex analista solo para charlar
* Hacerle cosquillas a tu bebé sin tiempo
* Quedarte leyendo cuando todos en la casa ya duermen
* Dormir la siesta
* Llevar a tu hija al jardín en bicicleta
* Andar despreocupada
* Jugar a la mamá y hacer magia
* Creer en las hadas
* Escribir esta lista y escribir mucho más.

viernes, 2 de abril de 2010

ESTA VIDA, ESTE MUNDO

Por M. Maravilla

Este mundo es mi baile privado. Una Gran Fiesta que alguien organizó para que yo la pase bien. Este mundo es divertido, aunque tantas caras digan lo contrario. Para mi el mundo es bailar…
Yo hago lo que quiero y por eso lo hago bien. Las cosas de este mundo me importan más mientras me dejen bailar. Yo les digo a todos: “Maravillosos los que no son de este mundo porque supieron inventarse otros”. Inventen. No sean tontos. No crean todo lo que en este mundo les dicen. Digan todo lo que su propio mundo les hace creer. Crean. Creen. Y hagan algo con lo que se les antoje crear.
Yo bailo. Porque el mundo me deja. Y cuando no me deja, bailo igual. Aunque nadie me vea yo me pongo a bailar (alguien una vez supo regalarme el ritmo).
No conozco ningún tonto que baile… ¿será que están muy ocupados? Yo les quiero decir algo a los tontos: bailen. Hay esperanza.
Una vez fui bailando al salón de los tontos. Y me hice la tonta por un rato. Está bueno. Aquella vez me di cuenta que hasta los tontos tienen pasos que aportar a este mundo. Y me encontré con un tonto que quería bailar. No sabía. Pero quería aprender. Y se animó. Y bailamos juntos. Nada hay más hermoso que un tonto bailando. Bailen. Yo sé lo que les digo. Dejarán der ser quienes creían ser, para ser lo que inevitablemente son. Bailen. Y hagan de este mundo lo que les dé la gana.
Este mundo es una pista de baile. Dejemos que nuestro ritmo íntimo y personal resuene adentro, nítido, transparente, irrefrenable, intensamente nuestro.
Ya verán que si todos nos dejamos llevar por la propia melodía podremos por fin hacer de este mundo un baile maravilloso. Con tontos y todo.





El dibujo es de Silvia Vergili (Pipi).